Rojo Sepia

La noche de San Juan, Samira, empleada en una frutería del Mercado Central de Salamanca, encuentra una medalla en una caja de cerezas. A partir de ahí comienza a descubrir el misterio de la vida de María, una chica que trabajó en la misma frutería que ella cincuenta años antes. El mundo de las compañías de revista musicales y el Mercado Central de Salamanca en la década de los cincuenta se mezclan a través del personaje de María y un camerino del Teatro Bretón. Una enigmática profesora de Lengua es la única fuente de respuestas y el enlace de Samira con la vida de su análoga. Dos vidas paralelas en épocas distintas que tienen en común el destino y el color sepia de las fotos antiguas.

22 de abril
20h
Biblioteca Torrente Ballester
Entrada con invitación (se recogen en las bibliotecas municipales)

Esa extraña inercia

 

MANUAL ABREVIADO DEL PERFECTO BUDISTA. Héctor Toledo. Inercia Teatro

Como dice la letra de Antonio Arias (Lagartija Nick), Esa extraña inercia en lugar de provocar una conexión al pánico, yo diría que Inercia Teatro consigue una conexión al público. Héctor Toledo nos presenta un texto que es una bofetada al público desde el primer segundo hasta el saludo final. De fondo, los temas de siempre: el amor, la amistad y la muerte que llevan a los personajes desde la miseria a la humanidad en poco más de hora y media. Una historia que habla de la muerte, pero en la que tiene  esencial protagonismo la vida. El autor retrata una generación dormida, apática, que se ha rendido ante un futuro que no era el que les habían prometido.

Al texto le sobran las alusiones al público y las explicaciones técnicas sobre cómo funciona el teatro en la escena de la borrachera. No aportan nada a la historia y distraen la atención del espectador, que tiene la sensación de que aquello no viene a cuento. Tampoco está bien resuelto cómo el personaje de Luque se entera de que va a morir (la voz en off del payaso). Original, sí, pero demasiado sórdido.  Las divagaciones físicas y filosóficas del gato encerrado no se sabe dónde no están al alcance de todo el público. Aunque quizá, tampoco estamos hablando de una obra que lo esté.

Por lo demás, no sobra ni falta ni una frase, ni un silencio. Y mucho menos los de Virginia Guechoum (Carmen). El espectador sufre con ella, siente su angustia, su rabia y sus dudas. Virginia Guechoum logra lo que pocas actrices: llevar al público a una catarsis a través de su dolor. Adrián Lázaro (Pedro) nos mira desde los ojos de un hombre perdido, que no sabe si huye o busca el camino a casa. Mira con la desesperación de quien se avergüenza de sí mismo, de quien busca una salida. Daniel González (Luque) es el eje central de la acción. Y comienza fuerte, arriba. Su cuerpo se deshace mientras entiende el sentido de su vida, y empieza a disfrutarla cuando reconoce su valor porque la está perdiendo. Y sin embargo esto no es lo más triste, sino lo más emocionante. Si la mirada de Adrián Lázaro se lleva toda la atención del público, es la voz de Miguel Gullón (Profe) quien induce al espectador a sentirse fracasado, fuera de lugar. Su aparente fragilidad esconde un trasfondo del personaje que se va desnudando según avanza la acción.

Los actores sienten miedo y el público también. Pero a su vez  sacuden al espectador con descargas de energía en el momento justo. Genial la escena de Nacidos para ser salvajes. Una lección de cómo describir la relación entre cuatro personas en pocos segundos. A través de los gestos, las miradas, y los gritos intuimos, -mejor dicho, conocemos- los silencios compartidos, los miedos, e incluso el pasado común entre Luque, Pedro, Carmen y Profe.  El director impone un ritmo cinematográfico a través de la música que suponemos es la banda sonora de la vida de los personajes. El sonido ambiente nos hace sentir frío, calor, miedo. Mención aparte merece la iluminación de Sara Martín: la autocaravana como único foco de luz, de vida en medio de un camino largo, oscuro, sombrío (especialmente genial en el inicio y el final del viaje). Manual… logra que el espectador conecte con una generación. Que comparta su rabia, su dolor y su incertidumbre. Y el público sale del teatro con ganas de vivir.

“Ya no nos ven como perrosflauta”

ADRIÁN LÁZARO. Coordinador General del Festival Internacional de Teatro de Calle y Artes Circenses de Ávila y miembro fundador de Tropiezo Teatro.

Hace cinco años dos zancudos buscaban nombre para un grupo de teatro y animación. Zan&Co no les sonaba muy bien, así que finalmente se decidieron por Tropiezo. Desde entonces viajan a la Edad Media para salir a la calle a hacer teatro. Tirtanus (espectáculo de fuego y pirotecnia), Gringüel & Frangüel, JUSTAS las justas son algunos de sus espectáculos, además de pasacalles, cuentacuentos, talleres…  “Ha habido una época con mucho auge de mercados medievales en todos los lados y es la forma más fácil en la que hemos podido desarrollar esta actividad de hacer teatro en la calle y de meter malabares teatro, juego…”

No sólo se atreven a jugar con fuego  sino que también se lanzan a la aventura de programar el Festival Internacional de Teatro de Calle y Artes Circenses de Ávila. “La idea surgió porque queríamos traer gente que se dedicara al mundo del circo y del teatro de calle para recibir formación e intercambiar experiencias”. El ayuntamiento colabora con Tropiezo, -les facilita la infrestructura-pero de los talleres y los espectáculos se encargan ellos. El principal criterio a la hora de elegir: “gente que quiera venir a actuar porque le guste. Además intentamos que haya variedad.” Según Adrián Lázaro, si algo distingue el Festival es el buen rollo: “buscamos un ambiente de compañerismo, de intercambio de ideas”.

¿Qué objetivos se ha planteado la organización para el festival de 2010?

Mantener en cuanto a número de espectáculos y cantidad de participantes y mejorar en cuanto a actividad. Estos años hemos tenido un ascenso muy rápido en cuánto a número de participantes. Vamos a intentar estabilizarnos en un número y mejorar la calidad poco a poco.

¿Cuál es la respuesta da la ciudad de Ávila. Después de tres años la gente ya espera el festival?

No sabemos si la gente se acuerda. Sabemos que la gente participa. Tenemos el inconveniente de que ha habido un cambio de fechas de la segunda edición a la tercera y eso ha hecho que la gente esté un poco despistada con las fechas, pero la respuesta es buena. Luego tenemos un número de gente que acude, haya conciertos, concursos o cualquier tipo de actividad en verano en la ciudad tenemos lleno en las gradas, en la calle.

¿Crees que hay suficiente presencia de teatro de calle en el teatro contemporáneo?

Ahora hay más. Se han multiplicado los festivales, ya hay una cultura, la gente sabe lo que es y está acostumbrada a ver teatro en la calle. Ya no tienes esa impresión de que la gente en la calle, cuando lo ve ya no piensa que es un perro flauta, un tío que está pidiendo, que no tiene nada que hacer. Ahora en sitios como Barcelona, Las Ramblas es una cosa imprescindible e incluso e incluso se ha convertido en un reclamo turístico. Se ve como algo más profesional.

http://usuarios.multimania.es/tropiezoteatro/

Helena Pimenta

Helena Pimenta, directora

(Salamanca, 1955)

Helena Pimenta estudió Filología Inglesa y Francesa y trabajó como profesora de un instituto de Rentería hasta que decidió dedicarse por completo al teatro. «Yo llegué a Rentería en el curso 79-80. Empecé a trabajar con los chavales el teatro como forma de enseñar un idioma, luego en horario extraescolar y en vacaciones. Vi que me interesaba muchísimo y fui pensando que tenía que dejar la enseñanza (lo hice en el 87) y apostar por ese núcleo de gente». El grupo Amateur Atelier fue la antesala a la formación de UR teatro, la compañía que dirige actualmente. Del teatro amateur al profesional: Rémora (1988), una versión de Von Kleis  y Antihéroes (1990), escrita por ella misma aunque reconoce que lo suyo son las versiones, sobre todo de Shakespeare. Con Sueño de una noche de verano ganó el Premio Nacional de Teatro en 1993, y la crítica y los festivales de todo el mundo se rindieron ante la fuerza y la frescura de su espectáculo.

Romeo y Julieta (1995), Trabajos de amor perdidos (1998), La Tempestad (2004) Dos caballeros de Verona (2008), son sólo algunas de las obras del dramaturgo inglés que ha dirigido. También ha trabajado con otros autores como Juan Mayorga en El chico de la última fila (2006), Cartas de amor a Stalin (2008) y en un encargo, Sonámbulo (2003) sobre una obra de Alberti. Veinte años de UR teatro dan para mucho y en 2008 celebraron su aniversario.  Al año siguiente recuperaron por tercera vez el que es quizá su montaje más reconocido: Sueño de una noche de verano.

Preocupada por el futuro del teatro en España preside la Asociación de Directores de Escena (ADE) y “reivindica una ley general que regularice todo el sector.” Entre su interminable lista de Premios destacan: Premios de la Asociación de Directores de Escena a la Mejor Dirección en 1996 (Romeo y Julieta) y en 1998 (Trabajos de amor perdidos), Premio del Jurado y de la Crítica al mejor Espectáculo del Festival Internacional de El Cairo 1993 (Sueño de una noche de verano) y Premio Lazarillo 2002 a la mejor trayectoria teatral.

En casa de Helena Pimenta. Reportaje de elmundo.es

www.urteatro.com

“Hacemos las cosas que nos apetecen”

Héctor, Guyo, Dani, Vir y Adri

Un hombre sabe que se va a morir y decide emprender un viaje al Tíbet con sus tres mejores amigos en una autocaravana hippie. Héctor Toledo, autor y director de Manual Abreviado del Perfecto Budista nos cuenta en su obra la historia de la muerte de un hombre y la resurrección de sus amigos. El texto que Inercia Teatro monta actualmente es el retrato a voces de una generación dormida y una crítica a su conformismo con el mundo. Su autor además, la acompaña de una experimentación formal: “quería probar cómo meter un tipo de narración que se podría calificar como típicamente cinematográfica y encajarla en teatro”.

Inercia tiene casi todo preparado. Sólo faltan algunos detalles, como que Virginia elija los pantalones de su vestuario, o que Héctor y Sara (la técnico de luces) graben una voz en off. Poca cosa. Guyo (Miguel Gullón), llega en moto al ensayo con las gafas empañadas y mojadas por la lluvia. Pudimos verle en La Navaja y El Método Gronhölm con Pulso Teatro , en Qué te importa que te ame con Trastoque, y en Four Rooms con La Máscara  . Y en casi todas a la vez: aún así es el actor con menos experiencia del grupo. Le deprime el invierno por las navidades, el frío y los exámenes. Pero se le nota emocionado con el proyecto, “aquí se lo toman muy en serio, yo antes iba más de coña.” Virginia Guechoum espera pegada a la puerta del local donde ensayan, para no mojarse. Adri (Adrián Lázaro) y ella se quejan porque los demás no llegan y quieren empezar. A Adri en cambio no le molesta mojarse, dice que es una lluvia “calabobos” y que a él no le afecta. Virginia se ríe y le revuelve el pelo, empapado. El miembro de Tropiezo Teatro -un grupo de teatro de calle de Ávila- parece que está acostumbrado a las inclemencias del tiempo. Con Inercia se baja de los zancos para convertirse en Pedro, agente de seguros. “En sala hay cosas técnicas que me gustan, como jugar con la iluminación o el sonido. La calle te ofrece otra cosa, más frescura, más improvisación, más interacción con el público. Me gusta poder hacer de todo, por eso estoy en muchos grupos.” Cuando conduce la autocaravana da golpecitos sobre el volante y casi podemos notar el viento que entra por la ventanilla.

A pesar de su impuntualidad, Virginia reconoce que se lo pasa muy bien haciendo teatro con sus compañeros. “Están de la olla”, dice entre risas. Sabe que su caso es una excepción: Sara y ella son las dos únicas chicas en Inercia frente a cuatro chicos cuando en Salamanca normalmente es al revés. Casi todos los grupos de la ciudad están formados mayoritariamente por mujeres, y que ella sea la única actriz del montaje es, cuanto menos, inusual. De acuerdo con el espíritu experimental de Inercia, dice que le gusta probar cosas nuevas con cada obra y que para ella, “el teatro no es un aprendizaje, es una experiencia.” Como la que demuestra en Manual…donde interpreta a Carmen, encargada de un Mc Donals.

Cuando llegan Héctor y Dani (Daniel González) preparan la escenografía. El director insiste en que todo esté en su sitio y los demás deambulan por el espacio, sin prestarle demasiada atención. Juegan con un balón de espuma, estiran los músculos, se ríen. Héctor también se mueve sin parar. Busca cosas que le faltan, da órdenes y comprueba todo varias veces. Poco después están listos para comenzar el ensayo. Prevenidos…acción. Manual…ha sido un reto para todos desde el principio. “Inercia nació con vocación experimental, no de hacer cosas que no hubiera hecho nunca nadie, sino hacer cosas que a nosotros nos apeteciera hacer. Y ya probamos a hacer una obra narrativamente distinta, Teddy, donde no había líneas narrativas. Ahora quería probar cómo podría encajar una narración más organizada en secuencias que en actos en teatro, y cómo podría llevarme esas imágenes cinematográficas que yo tenía en la cabeza a una escena sin que perdiera la teatralidad.”

Daniel González es el protagonista, Luque. Morirse no le ha resultado nada fácil. “Es una obra donde tienes una transición del personaje bastante dura porque te estás muriendo en escena. Los quince días que dura la agonía del personaje la tienes que ir metiendo en escena y eso es algo muy difícil.” Dani también forma parte de La Lengua, otra compañía que ensaya en el mismo local. Estar en varios grupos es una práctica habitual entre ellos. Sirve para aprender más, conocer a más gente y no quedarse sólo. Como dice Héctor “en el teatro te pasas la vida pidiendo favores”.

Como objetivo principal para la distribución de Manual…, Héctor se plantea “conseguir un buen comercial que me la venda. Nosotros siempre hemos sido aficionados, nunca hemos sacado más de tres, cuatro, cinco bolos. El objetivo de esta obra es sacar más, sinceramente nos curramos la obras. Aunque sólo sea por el número de horas, da un poco de rabia no poderle sacar un cierto rendimiento, no ya económico, sino que lo vea la gente. Vamos a ver si en certámenes aficionados y luego en la provincia de Salamanca, a ver si encontramos ayuntamientos.”

Termina el ensayo, y después de los aplausos y las indicaciones del director (un poco a uvas y bajos de ritmo en el prólogo, luego bien) recogen la escenografía y apagan las luces.  Fuera sigue lloviendo, pero menos que antes. Dani enseña satisfecho a sus compañeros el cartel que ha diseñado para la obra: le ha quedado un poco más serio que sus precedentes en montajes anteriores. “Es que esta -justifica- es una obra seria”.

www.inerciateatro.com

Intrusismo profesional

intrusismo. (De intruso). 1. m. Ejercicio de actividades profesionales por persona no autorizada para ello. Puede constituir delito. (Diccionario de la RAE.)

En el teatro, el intrusismo es quizá un poco más difícil de definir. Según Héctor Toledo director de Inercia Teatro, ninguna de las profesiones vinculadas a las artes escénicas está colegiada, lo que significa que en principio, no hacen falta capacitaciones especiales para ejercerla. “No se puede hablar de intrusismo laboral del mismo modo que ocurre en el periodismo o en profesiones similares.” David Fraile, Gerente de la Compañía y Sala Cuarta Pared y Coordinador de la Escuela de Teatro Cuarta Pared “el intrusismo es inevitable en el entorno de la creación y de la comunicación. El teatro se hace para el público y, en la medida en que la captación del mismo esté impregnada de objetivos financieros empresariales, es más fácil usar como reclamo para el cliente, no a actores profesionales del espacio escénico, sino a personas contratadas por su popularidad o por otras características vinculadas a un valor de mercado exclusivamente. En la medida en que las producciones están transidas de demandas y expectativas artísticas, la necesidad de contar con actores y directores de gran trayectoria y experiencia se hace necesaria.” Antonio Ordóñez Bergareche, actor y director formado en la escuela de teatro físico Jaques Lecoq de París señala los medios de comunicación como un factor que influye en esta práctica. “Intrusismo es que en la tele se valore más el contacto o el salir de fiesta que que seas un buen profesional. Que las caras conocidas de la tele sean las que copen muchas de las producciones teatrales madrileñas de éxito. Quizás el ritmo de la tele se preste más al intrusismo que el del teatro, porque es rápida, explotadora y mal hecha. Está claro que hay partes técnicas, como la iluminación o la edición que necesitan de conocimientos, pero los actores, por esta manía de pagar poco y buscar gente inexperta y hacerlo todo a machamartillo pueden saltarse a la torera la formación, y luego derivar al teatro”.

Marieta Monedero, programadora de la biblioteca Torrente Ballester y directora de Raízde4teatro distingue dos clases de intrusismo: “el que ejercen las personas que sin una titulación oficial se dedican profesionalmente al teatro, ya sea como actores, directores, escenógrafos, etc. y el que ejercen los grupos del teatro aficionado o semi-profesional al ocupar un lugar en las programaciones culturales de las distintas instituciones “quitando” el trabajo a las compañías profesionales.” La directora de Raízde4teatro afirma no tener una posición muy clara respecto a ninguno de los dos tipos. “Por una parte, parece claro que quienes han dedicado esfuerzos, recursos económicos y varios años de su vida a formarse profesionalmente, deberían tener ciertos derechos a la hora de acceder a los puestos de trabajo. Pero, por otra parte, ¿por qué negar el autodidactismo en las actividades artísticas? ¿Deberíamos exigir también estudios específicos para ser poeta, novelista, pintor o fotógrafo? Y en cuanto al segundo tipo de intrusismo, también es cierto que una compañía que está constituida como empresa, que paga sus impuestos y tiene asegurados a sus actores y técnicos, debe tener posibilidades de llevar a cabo su trabajo sin que otros grupos que no arriesgan nada les entorpezcan el camino. Pero, por otra parte, ¿por qué no dar oportunidad a los grupos aficionados para que muestren sus trabajos y, de esa forma, sigan interesados en el teatro y lleguen algún día a dedicarse profesionalmente a ello?”

Sebi Galeano, director de Máquina Teatro ofrece una visión más concreta de esta práctica: “el desarrollo de una actividad teatral profesional por parte de una persona o grupo que no cumple los requisitos para la misma. Además habría que distinguir en estos requisitos si son artisticos (formación, experiencia, aptitudes…) o económicos. Los artísticos son mucho más difíciles de valorar, por esto normalmente cuando se habla de intrusismo se refiere a los económicos. Estos requisitos económicos vendrían a ser en último término el pago de impuestos (IAE, IRPF, Seguridad social…)”

Pero para definir el intrusismo en el teatro es necesario conocer la realidad de las compañías . El director de Inercia Teatro defiende que existen dos grandes grupos: los amateurs y los profesionales. “El problema es que estos dos compartimentos no son estancos ni están bien diferenciados ni por parte de las administraciones, ni por parte de los interesados. Esto se presta a multitud de abusos, como que un grupo de aficionados se cuele en circuitos profesionales o que compañías profesionales cubran parcelas normalmente destinadas a los aficionados, pisándose alternativamente el campo unos a otros y provocando un descontrol en el que nadie gana, excepto la parte contratante, que se beneficia de una guerra de precios sin cuartel propiciada por la confusión.” ¿Dónde están los límites que separan el teatro amateur del profesional? Héctor Toledo se pregunta sobre qué define a un grupo profesional o aficionado. “¿Es una cuestión de calidad respecto al producto que ofrece? ¿es una cuestión simplemente de su personalidad jurídica y de los impuestos que paga? Conozco casos de compañías profesionales realmente mediocres y de aficionados realmente buenos. ¿Es este un criterio válido? En este caso, ¿no sería lógico que un programador contase con los aficionados, ya que su producto es mejor? ¿Es eso intrusismo, o es un simple ajuste del mercado? El problema viene cuando el programador paga un caché de aficionado, a pesar de que el espectáculo tiene calidad profesional. Eso revienta el mercado para todos.” El director de Máquina Teatro también reflexiona sobre ello y busca el límite entre los dos grandes grupos. “La única línea mas o menos nítida que se puede trazar es que detrás esté una empresa y el pago de impuestos, etc. o no, aunque es una línea que a mí no me gusta y creo que se debería buscar una diferencia menos legalista. Pero la mala organización de los circuitos, redes, etc de teatro en españa lo hacen muy dificil.”

¿Qué condiciones debe reunir un montaje para poder ser vendido como profesional? El director de Inercia Teatro cree que “la profesionalidad ha de venir dada por la calidad del espectáculo, con independencia de que los actores vivan de ello o no. Y el mercado debe ordenarse en consecuencia. No creo que haber creado una empresa sea un criterio válido para definir si alguien es un profesional del teatro o no. Tal vez viva de ello, pero ¿es un verdadero profesional? ¿trabaja mejor que un aficionado? El problema, en definitiva, acaba derivando de la situación de sobreoferta que vive este país desde hace varios años, en la cual más del 75% de los espectáculos montados con vocación profesional nunca llega a rentabilizarse. Eso ha creado un mercado lleno de tiburones, donde ya no importa qué vendes, sino lo bien que lo vendes. Un grupo de aficionados con una burda representación de cualquier clásico puede sacar 50 bolos al año sólamente con tener un buen comercial, mientras al lado, una compañía con un espectáculo fantástico, con actores y director formados en escuelas, apenas consigue hacer 3 pases para cubrir gastos. El problema lo tenemos todos los que estamos en este juego, por jugar, pero también la administración cultural de este país, que prima la cantidad por encima de la calidad, y favorece la confusión entre el campo aficionado y el profesional, entre otras cosas, porque se ve beneficiada con ello. Así que supongo que si hablamos de intrusismo en el teatro, en este sentido, sí, lo hay.”

Sebi Galeano califica de pregunta del millón cuáles deben ser las condiciones de un montaje profesional. “Legalmente un montaje profesional debe estar producido o distribuido por una empresa dedicada al sector y todo el personal que intervenga tiene que tener contrato, altas en seguridad social, etc. Artísticamente debería tener una calidad, pero ¿quien dice lo que es bueno o es malo? Hay criterios que se podrían aplicar, pero es muy complicado. Pocas veces se habla de si un montaje es o no profesional, se suele hablar más de si lo es o no la compañía o grupo que lo representa.”

Según David Fraile, “La profesionalidad responde a una actitud, a un rigor, a una implicación, y a una trayectoria que nos equipara a la de cualquier trabajador que se levanta los lunes por la mañana. La profesionalidad yo no la equiparo a ser pagado esporádicamente por realizar un determinado trabajo.” Para Marieta Monedero “un actor, director o dramaturgo se convierte en profesional cuando hace trabajos profesionales, es decir, cuando alcanza la suficiente calidad artística para comunicar, emocionar, transmitir o conmover al espectador con su trabajo. No obstante, hoy se considera profesional al que está constituido legalmente como tal, independientemente de la calidad de su trabajo.”

¿La gente valora más la necesidad de una formación en otras profesiones que en la interpretación? Según David Fraile “el público que demanda teatro de calidad es muy minoritario. El espectador que reclama el medio escénico como espacio de creación artística se concentra alrededor de unas pocas salas de teatro. Los fenómenos más dilatados en escena con mayor captación suelen estar muy distantes de las pretensiones artísticas, exploran poco el lenguaje teatral y son resultadistas y muy relacionados con la popularidad y el ego de su estrella principal, cuando no, a la vistosidad de las danzas regionales, el show cómico o la magia, por ejemplo. En estos casos el público está aplaudiendo a profesionales muy preparados, pero casi siempre en disciplinas que tienen que ver poco con la creación actoral. El público, en general, desconoce absolutamente lo difícil que es ser un buen profesional de la actuación. Relaciona la actuación únicamente a unas propiedades innatas para la expresión y la tenencia de un carácter desinhibido. Ser actor es tan difícil, no más ni menos, que ser bueno en otras muchas profesiones. Pero, al igual que ellas, requiere preparación, vocación y experiencia.” Marieta Monedero piensa que “el público que acude al teatro no se plantea si lo que está viendo está realizado por personas con una determinada formación, sino que valora el resultado de lo que le ofrecen. Lo mismo pasa cuando lees una novela, contemplas un cuadro o escuchas un concierto. La sociedad en general, tiende valorar más la formación en las profesiones que pueden tener alguna aplicación “práctica” o aquellas en las que una mala praxis puede tener consecuencias no deseadas. No nos gustaría que nuestra casa se cayera, que quedáramos lisiados después de una operación mal hecha o que nuestro abogado nos enviara a la cárcel. Sin embargo aceptamos con agrado cualquier obra artística que nos emocione sin preguntarnos nada sobre la formación del artista.”

Por otra parte, Antonio Ordónez Bergareche denuncia la falta de comerciales como causa del intrusismo. “Falta gente que sepa vender teatro, y por lo tanto hay una buena parte de los compradores (ayuntamientos, centros culturales y prequeños teatros) que compran lo que les ofrecen. Lo cual muchas veces es básicamente mierda. Por lo tanto esto sería intrusismo pero de un modo indirecto. Es intrusismo de una panda de burócratas a los que el teatro ni les va ni les viene por el lado de los compradores institucionales, y de una panda de sacapasta marketineros y ponerayas, por parte de la distribución.”

Vicky Peña

Vicky Peña, actriz

“El teatro es una forma de filosofía casera”, Vicky Peña.

(Barcelona, 1954)

El día en que Vicky Peña le dijo a su madre que quería ser actriz ella le respondió: ”ya sabes dónde te metes”. Por entonces Vicky trabajaba de enfermera en el Hospital Clínico de Barcelona, y aunque sus padres eran actores (Monserrat Carulla y Felipe Peña) la interpretación no fue su primera opción profesional. A lo mejor el teatro estaba demasiado cerca y por eso fue en Londres, estudiando inglés, donde vio la luz. “Dios mío, si esto es lo que yo he querido hacer toda mi vida”. Vicky Peña se dedica a la interpretación desde 1966.

Empezó interpretando personajes secundarios en teatro, hasta que le llegó su oportunidad en A Electra le sienta bien el luto. Después llegaron Après moi, La Orestiada, La ópera de los tres centavos, Enrique IV o Homebody Kabul. Ha recibido varios premios Max de las Artes Escénicas -el primero por su memorable interpretación en el musical Sweeny Todd- y ha sido vicepresidenta durante doce años de la Asociación de Actores y Directores de Cataluña. 

Desde hace casi diez años representa el recital musical dirigido por ella misma De Mahagonny a Youkaly con música de Kurt Weill. Y aunque reconoce el teatro como “su pasión, su vida y una forma de filosofía casera”, también han sido muy aplaudidas sus interpretaciones en cine: Carmen Polo en Dragón Rapide, Secretos del corazón o La Casa de Bernarda Alba, además de ser un referente en el doblaje en catalán y en castellano. Hace cosa de un mes le llamaron del Ministerio de Cultura mientras hacía cola en las oficinas del INEM para anunciarle que se había convertido en el Premio Nacional de Teatro de 2009. El jurado destacó su “labor de magisterio”, “su capacidad de construir personajes muy auténticos” y “su compromiso con la profesión”. Cuando agradeció el premio dijo que esto último, lo de su  compromiso con el teatro, era lo que le hacía más feliz.

Entrevista a Vicky Peña. No es un día cualquiera. RNE

La corrupción como espectáculo

NOVIEMBRE, de David Mamet.

Santiago Ramos, Ana Labordeta, Cipriano Lodosa, Jesús Alcaide, Rodrigo Poisón.

Dirección: José Pascual.

La corrupción como espectáculo es el lema de esta comedia de David Mamet. Falta una semana para que se celebran elecciones en Estados Unidos, su presidente tiene muy pocas posibilidades de ser reelegido y además se resiste a abandonar la Casablanca sin llevarse un buen pellizco y el sofá de su despacho. Esta comedia constituye una inteligente sátira sobre el poder y la clase política en Estados Unidos, que nos presenta la corrupción de manera tan lógica y natural que el público termina saliendo del teatro riéndose de que las personas que gobiernan el mundo respeten tan poco a los ciudadanos.

El personaje de Santiago Ramos -presidente de Estados Unidos- no sabe si su país está en guerra con Irán o no, pero se dedica a enlazar una serie de mentiras tan absurdas como hilarantes para conseguir sus propósitos. El actor salmantino marca un ritmo frenético sin apenas pausas ni silencios en un texto vertiginoso. Nos hace pensar en alguien conocido: su papel de presidente en declive no es más que la caricatura de ciertos políticos del siglo XXI.

Ana Labordeta hace un retrato de la escritora de discursos del presidente: su mente y su lengua ante el público, la artífice del disfraz de la ineptitud del presidente. Su interpretación es convincente y nos demuestra su enorme calidad como actriz pero dista mucho de la Sonia de El guía del Hermitage, donde emocionó al público desde el momento en el que entra en escena por primera vez, llamando a su marido para que le abra la puerta del Hermitage porque hace mucho frío en Stalingrado y están en plena Segunda Guerra Mundial. El resto de actores resultan creíbles y se mueven con soltura en el trepidante ritmo de esta comedia.

Tras leer las críticas de Glengarry Glen Ross -Teatro Español, hasta el 17 de enero- que alaban la calidad del texto y la versión de Daniel Veroneese, reconozco que quizá esperaba algo más de David Mamet. La ligereza y brillantez de los diálogos (que presentan los gags en el momento justo) hacen olvidar un argumento en ocasiones un tanto pobre, pero que divierte a la vez que invita al público a reflexionar sobre la clase política del país más poderoso del mundo.

Jugando con las palabras

¡Al carajo la poesía!

Maldigo la poesía concebida como un lujo. (Gabriel Celaya)

¡AL CARAJO LA POESÍA! Raízde4teatro

Ella: Carmen Castrillo. Él: Luis Oliver. Dirección: Marieta Monedero.

Lo cierto es que comparto la experiencia de Él. Yo tampoco entendía nada o casi nada de la poesía que estudiaba en el colegio. ¿Por qué los poetas son gente tan complicada? Qué manía de liar las cosas con lo fácil que es hablar claramente, creía yo. Después de años de esfuerzo infructuoso por identificar y entender las figuras literarias me rendí. Ahora, tras ver el montaje de Raízde4teatro pienso que quizá, lo mejor hubiera sido mandar al carajo la poesía,  y quizás también el resto de la literatura. Y simplemente jugar con el lenguaje y disfrutar, sin miedo a las palabras.

Los personajes de Luis Oliver y Carmen Castrillo hablan de versos en verso, en prosa y sobre todo en teatro. Le dan la vuelta a los poemas y nos muestran otra manera de ver a Don Juan y a Doña Inés. Diez escenas en las que personajes e ideas confluyen en torno a la poesía.  Un espectáculo inteligente, valiente y sencillo con el que disfrutar de la poesía y el teatro.

Base de datos

Base datos teatro

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