El olivo, reivindicando la ternura

De entre todos los discursos de agradecimiento de los Goya me enterneció especialmente el de Anna Castillo, Mejor Actriz Revelación. No se acordó de los refugiados, ni de Trump, ni de Rajoy, pero reconoció el trabajo de todo el equipo de su peli El olivo y, especialmente, de los pilares del filme de una manera clara y emotiva: Icíar Bollaín (su directora), Paul Laverty (su guionista) y los actores Javier Gutiérrez y Pep Ambròs. Y eso es algo que sucede siempre en gentes del cine con mucha más experiencia y edad. La verdad que tiene esa Anna flipada, recordando a su compañera en las tablas y amiga Belén Cuesta (también nominada), y comprometida con su oficio desde la sencillez me lleva a hablar de El olivo, una peli que para mí ha encarnado esencialmente lo mismo.

El largometraje cuenta la historia de Alma, una joven un poco macarra que se emperra en traer de vuelta el olivo milenario de su familia para evitar que su abuelo senil se muera de pena. Y así se embarca en un viaje kamikace con su tío y su amigo Rafa hasta Alemania en camión. La peli me ha conquistado por varios motivos: como personaje protagonista tiene a una mujer ejerciendo un rol activo, unos conflictos familiares potentes que aparecen apuntados, una búsqueda del hogar —mi tema favorito en los últimos tiempos— y, sobre todo, un argumento sustentado en un sueño loco. Aquí una prueba:

ALMA.- Si para el no hay un millón de razones. Si lo sé, lo veo. Pero es que a veces te tienes que lanzar, de cabeza y empiezas el viaje y la gente te ayuda por el camino.

Como road movie, los personajes se van encontrando a sí mismos en el camión rumbo a Alemania. En el camino toman decisiones, vencen miedos.

ALMA.-¿Alguna vez has pensado que podrías petar y venir abajo del todo?

RAFA.-Mira, Alma, puedes pasarte la vida metiendo el dedo en la vieja herida, alimentar el dolor y no dejar que se cure, pero hay veces que es mejor dejar las cosas y seguir adelante. Alimentar lo que tienes y no lo que ya no está.

ALMA.-¿Tú crees que yo colaboro con mi propia desgracia?

RAFA.-Todos lo hacemos. Unos más. Otros menos.

 

Yo sé que todo esto puede parecer ingenuo, que si los sueños, que si la esperanza, que si el enamoramiento de quien tienes al lado y no has visto, que si La la land, pero me da igual. Estoy con Leticia Dolera: “hay que reivindicar la ternura”, los deseos locos y las historias que hablan del amor a la familia con metáforas bonitas como un olivo milenario. En esta película los personajes se mueven por amor: de nieta a abuelo, de tío a sobrina, de amiga a amiga, de amante a amada. Celebro las historias de personajes que conmueven y que se mueven por sentimientos nobles.

Ojalá más miradas así, más historias así, más mundos así.

el olivo

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Viaje al Parnaso. Siglo de Oro en el universo Vasile

Dice Juan Mayorga (últimamente odiado y amado a partes iguales) que el teatro es asamblea. Un momento de comunión entre los asistentes, compartido de forma íntima y, hasta un poco celosa, que da lugar a risas, conversaciones, debates, lágrimas, recuerdos inesperados. Los asistentes de Viaje al Parnaso viven una experiencia cómplice con el otro como espectador, pero sobre todo -y felizmente- con el otro como actor.

Tony della Casa (autor, actor y director de la obra) parte de una premisa gloriosa: los grandes autores del Siglo de Oro se juegan en un talent show presentado por Cervantes el Ministerio de Cultura. Lope de Vega, Góngora, Tirso de Molina, Quevedo y Calderón tienen que superar pruebas como rapear versos, responder preguntas o improvisar sonetos; y todo a un ritmo vibrante.

El montaje es un espejo esperpéntico sobre el que se refleja un tipo de entretenimiento televisivo noventero. Los actores juegan con todo ese universo de Vasile vertebrado en torno a una música en directo -que va de la viola de gamba al djembe pasando por un blues con armónica con sorprendente coherencia-  que nos transporta a un mundo híbrido entre un plató de Mediaset y el Siglo de Oro.

Faltan más momentos con Juana Inés de la Cruz (muy bien defendida por Isabel Montijano): en mi opinión la escritora más brillante de todos. Pero Viaje al Parnaso es, sobre todo, un viaje hacia el alma de estos escritores que hemos conocido a través de sus letras, y que reconvertidos en concursantes chuscos se vuelven más humanos y ambiciosos.

Viaje al Parnaso es una producción de La Farsa Cultura y se representa en el Off del Lara los martes de marzo.

Outlander: entre el rol activo de la mujer y el mito del amor romántico

Empecé a ver Outlander en un bus Salamanca-Madrid mientras dormitaba y conversaba por WhatsApp, todo a la vez y con un limitado nivel de atención. Pese a la voz en off constante y el ritmo lento del piloto, le di una oportunidad en casa y ya sí, me enganché, confieso, sin remedio. Quizá sea un “placer culpable” como define a esta serie de Starz Natalia Marcos en El País, pero lo cierto es que me subyugaron los paisajes increíbles de las Highlands, la banda sonora y una tensión sexual no resuelta (TSNR) realmente magnética entre los dos protagonistas.

Claire Randall es una enfermera del bando aliado en la Segunda Guerra Mundial que en un viaje por Escocia con su marido viaja en el tiempo hasta 1743. Allí conoce a Jamie, un guerrero proscrito que la salva de múltiples intentos de violación y otras agresiones. Pero no perdamos de vista el eje de la narración: Claire es la protagonista de la historia, vive en carne propia cada peripecia, tiene iniciativa, actúa y, lo más importante, transmite de forma explícita el conflicto que sufre por ser mujer en un lugar y en una época en la que nadie la escucha por ello.

Claire tiene una trama amorosa con Jamie que es una clara traslación en pantalla del mito del amor romántico. Su amor puede con las construcciones mentales de seres humanos entre los que median 200 años, empuja a ambos a arriesgar su vida en varias ocasiones para salvar al otro; es un amor que perdona siempre y que perdona todo. No me importa reconocer que me he mordido las uñas con cada mirada, con cada beso, con cada gesto intenso de entrega total. Cierto es que está todo justificado argumentalmente y como espectadores podemos entender las razones de Jamie -que además evoluciona como personaje de forma muy interesante- para tratar a Claire de aquella manera (no haré spoiler). No obstante, todo esto me provoca tantas dudas: ¿no tenemos responsabilidad los que hacemos ficción de representar modelos más reales, más plurales de relaciones de pareja? Y otras cuestiones, ¿disfrutaríamos lo mismo de una relación poliamorosa en pantalla que con cualquier drama de amor heterosexual imposible rollo Romeo y Julieta? ¿Nos importa, nos apasiona y nos duele lo mismo lo que les pasa a unos y a otros como personajes?

No lo sé. Claire disfruta de su sexualidad y se empodera en la trama de aventuras, pero lo deja todo por amor. Forma equipo con su marido, pero al final todo esta supeditado a su vínculo de afecto, lo único que la mantiene en una tierra extraña y hostil 200 años antes de su nacimiento. La mirada de Diana Gabaldon, la autora de la saga de novelas en las que se basa la serie, nos lleva a una historia de acción a través de los ojos de una mujer, pero pese a todo Outlander se conoce entre los medios como “el Juego de Tronos para señoras”.

Quizá, si contamos historias de personajes más autónomos que no sucumben a un amor incondicional, dejemos de sembrar en campos donde puede germinar la violencia.

Yo creo que hay tantas historias que nos estamos perdiendo.

outlander

Desde que estoy en el paro_

he olvidado:

  • Madrugar
  • Escribir
  • Los días de la semana
  • Los meses del año
  • Los pensamientos positivos

he aprendido:

  • A dormir la siesta
  • Dónde están los libros en la biblioteca
  • Dónde están las películas en la biblioteca
  • Los sitios donde hacen descuento con la tarjeta del paro
  • A estudiar mejor
  • Inglés
  • Un poco de francés

tengo:

  • Más hambre de pizza
  • Menos hambre de manzanas
  • Más canas
  • Menos aire en los pulmones
  • Más ojeras
  • Menos sueño
  • Más ganas de ver Telecinco
  • Menos ganas de ver el Telediario de la 1
  • Más horas en el día
  • Menos kilos en mi cuerpo
  • Menos ganas de ver películas tristes
  • Más ganas de ver películas en las que salgan Jude Law o Jennifer Aniston
  • El pelo más liso

Y mucha menos paciencia

Diez de 2013

Llevo un mes leyendo listas y más listas de “Los diez libros del año” y como soyculoveoculoquiero he decidido construir la mía. No soy una ferviente lectora de novedades (por motivos económicos, ni las bibliotecas ni yo podemos hacernos con todo el pan recién hecho) ni tampoco apunto los libros que leo, por lo que, después de doce meses, se me hace difícil tener presente todas las lecturas que han pasado por mis manos y por mis ojos. Desde mi humilde sitio web me apetece reseñar diez títulos que, por distintos motivos, me han marcado este año literario. Es una lista parcial, traicionada por mi mala memoria y el cariño.

1.- ‘Los poemas perdidos’, de Dorothy Parker (Nórdica). Poesía. Ha sido el descubrimiento del año. Su poesía es el mejor vehículo para canalizar el mal humor y despotricar contra el mundo.

2.- ‘La casa muerta’, de Yannis Ritsos. (Acantilado) Poesía Una voz interior que es un poema largo. Un libro corto que es una voz inmensa. Muy, muy hermoso.

3.- ‘¿Cómo debería ser una persona?’, de Sheila Heti (Alpha Decay) ¿Novela? Mezcla de lenguajes y géneros, la historia de una joven dramaturga recién separada muy perdida en la vida. No solo para fans de Girls.

4.- ‘Naif. Súper’, de Erlend Loe (Nórdica) Novela Un libro que deberían leer todos los ni-nis de España. Un retrato del proceso que va desde no tener nada a tener algo, aunque sea poco.

5.- ‘El último dinosaurio’, (Gallo Nero). Entrevistas. Hunter S. Thompson, qué loco estabas. Una reunión de las entrevistas del creador involuntario del periodismo gonzo. Mira que odio a esos reporterillos que van de guays porque beben y se drogan más que nadie, pero ‘El último dinosaurio’ merece ser regalado estas navidades a muchos periodistas.

6.- ‘Como el ciervo huiste’, de Iago Fernández (Delirio) Relato. No voy a mentir: la lectura de este libro con título de verso de San Juan de la Cruz deja muy mal cuerpo. Y eso lo consigue su autor porque no rapta a un paraíso de niebla, frío y personajes solos y malrolleros.

7.- ‘A las 2 son las 3’, de Rodrigo Cortés (Delirio) ¿? Una compilación de las gilipolleces ingeniosas que Rodrigo Cortés escribe en twitter. A mí me ha hecho reír mucho, mucho.

8.- ‘El templo del cielo’, de Enrique Joven (Roca). Novela. Por razones obvias.

9.- ‘Hoy no puedo’, de Juan Plaza (Talentura) Relato. Una de las lecturas más agradables del año. Más aquí.

10.- ‘Así es como la pierdes’, de Junot Díaz (Mondadori) Relato. Voz desconocida para mí hasta este 2013. Lenguaje callejero, tierno, espontáneo.

Si miro la lista de ‘Cosas que leer’ que cuelga de mi corcho me doy cuenta de que no he cumplido ni la mitad. Tampoco de las series que ver. Aún así, he disfrutado de los libros de Joan Didion y he descubierto a Olga Rodríguez gracias a mi amiga Belén. A Olga le debo creer que el periodismo existe y no son los padres. También a Rafael Poch y tantos periodistas, cronistas y escritores que hablan de lugares del mundo que no conozco.

Parece que el 2014 no nos va a traer ni trabajo ni justicia social. Pero podemos confiar en que al menos nos deje buenos libros.

Hoy sí puedo

hoy no puedoEn realidad todas las relaciones personales se pueden clasificar fácilmente en relaciones líquidas, sólidas y gaseosas. Vamos adquiriendo un estado u otro en un ciclo sin fin, con apenas unas pocas variaciones químicas entre cada estado. Así, moléculas de vapor de agua se mueven independientemente, aisladas para, en algún instante y de manera increíble, juntarse aleatoria y promiscuamente, y formar un nuevo estado, un estado líquido; sin embargo, en algunas ocasiones y por motivos que la ciencia no acaba de desentrañar, las mismas moléculas que antes eran apenas un caudal deciden agarrarse las unas a las otras de forma indisoluble, como si mediara un rito sagrado de entrega mutua. Cuando las relaciones se encuentran por debajo de su temperatura crítica, lo que era una estructura sólida, sin fisuras, vuelve, de nuevo, a ser vapor.

El nivel 3 

Juan F. Plaza

Cuando estudiaba cuarto de Periodismo y tenía una vida mucho más enriquecedora, solía leer el blog ‘Hoy no puedo’ de Juan Plaza. Hacía cuatro años que era fan de su escritura, desde que en primero trabajáramos con textos sospechosamente anónimos que hablaban de un “Andrés Calamaro desintoxicado cantando a la libertad” (o algo así). Cuando algún alumno descarado preguntaba quién era el autor de la materia del ejercicio, Juan sonreía un poco y se hacía el interesante.

Hace unas semanas publicó su primer libro de relatos, ‘Hoy no puedo’ (Talentura, 2013). Tras su lectura he llegado a dos conclusiones:

1.- Juan Plaza es más moñas de lo que parece.

2.- Juan Plaza escribe mejor, incluso, que enseña a escribir. Y esto, señores, es un piropazo.

Los personajes de ‘Hoy no puedo’ podrían estar ahora mismo en el edificio de enfrente observando pájaros y vecinos con un telescopio, rozando las manos de una de las cajeras del súper o calculando la cantidad de litros de agua que caben en una piscina climatizada. Como Iago Fernández construye una Garden desoladora y extraña en la que deambulan sus personajes, Juan Plaza sitúa a los suyos en un trozo de ciudad cualquiera que ejerce sobre ellos un aburrimiento cruel. A pesar de todo, reúnen fuerzas para gritar al lector: “Anda, hazme un poco de caso. Estoy aquí, muerto del asco, haciendo todos los días las mismas cosas. Y solo quiero que alguien se de cuenta de que puedo ser un poco mejor”.

El enamoramiento y sus consecuencias posteriores aparece constantemente como centro o incidente desencadenante de la historia. Se trata de un amor anodino, complicado, extraño y con final abierto. Tranquilos, no narran necesariamente historias moñas, a veces el amor es solo un daño colateral o una circunstancia y nunca perjudica a lo mejor de estos relatos: su ritmo, sus descripciones y la caracterización de sus personajes -que vencen la balanza en contra de unos diálogos a los que les falta naturalidad y les sobra explicación-.

Mariano Zurdo, el editor de Talentura, comentaba en la presentación que Juan tenía una mirada propia. Y es cierto: ha demostrado que se puede encontrar materia para hacer literatura en cualquier parte. Aunque tal vez necesitemos ser un poco más pacientes y observadores, como él, para detectar brillantez entre la pesada escenografía que hay a nuestro alrededor.

“Tú no tienes la culpa, mi amor, que el mundo sea tan feo”: cómo pasar de ser una y-y-y a una ni-ni

No está en mi ánimo quejarme de mi momento vital ni de la situación de mierda que vive nuestro país. Prometo que esta no es una entrada llorica para desempleados ni una lista de consejos sobre cómo buscar curro -para eso ya están Airhe y Noesis que dan estupendos cursos de orientación para la búsqueda de empleo-. Tampoco me voy a marcar un Risto Mejide ni a lanzaros con un ukelele al metro a hacer algo original para que os vea alguien y os fiche (toda mi admiración, dicho sea de paso, para Enzo Vizcaíno). Simplemente, quiero compartir con vosotros algunas cosas que a mí me hacen sentir mejor desde que he pasado de ser una y-y-y a una ni-ni.

Os cuento un poco mi historia por si alguien se siente identificado:

Hace un año y cuatro meses que acabé mis estudios -grado en Periodismo y un máster en guion de ficción-. Durante el curso 2012/13 me dediqué a escribir, a estudiar inglés y a intentar darle un futuro a mi ya difunto grupo de teatro -eran cosas que hacía antes, pero con menor intensidad-. Con esto quiero decir que yo era una tía más o menos trabajadora y con iniciativa (¡a mí, crisis!). Hice lo que decía Risto Mejide y muchos de mis profesores: escribid mucho, presentaos a concursos, producid vuestras historias, frecuentad círculos culturales, conoced gente. No os rindáis antes de empezar. “No os rindáis antes de empezar.”

Pero no conseguí nada.

Con este rollo sigo queriendo explicar que la paciencia, la voluntad y las ganas de hacer cosas no son ilimitadas: podemos mantener la ilusión un tiempo pero, sin perspectivas de futuro, se diluye tarde o temprano. La inactividad genera más inactividad.

Por eso aquí propongo cuatro cosas que seguro que muchos ya hacéis, porque son de cajón, pero que sugiero tener en cuenta para no desquiciase:

1.- Leed.

2.- Leed.

3.- Leed. A mí es lo que más me consuela. En contra de lo que mucha gente de mi entorno piensa, no he sido una gran lectora entre los dieciséis y los veintitrés años. En esa época me puse a hacer teatro, tocar el piano y muchas otras chorradas. Y me perdí a muchos escritores sin los que ahora no concibo una letra. Para recordar por qué leer os dejo aquí un texto que me encanta de Luna Miguel (¿por qué no leí antes sus poemas ni las lecturas que ella recomienda?) Que lea otro. Ficción, ensayo, poesía, reportaje periodístico. Lo que os dé la gana. Leer nos ayuda a convivir con el fracaso y a no estar diciendo yo todo el saaaaaanto día.

4.- Haced algo de deporte. Libera noséqué que te hace sentir mejor.

5.- Combinad “amigos asquerosos que hacen cosas y tienen un proyecto de vida” con “amigos lloricas parados”. Los primeros os darán ganas de matarlos y los segundos ganas de cortaros las venas vosotros. No pasa nada, no debéis sentiros culpables: la envidia cochina (¿existe la sana?) es un sentimiento visceral incontrolable y el odio anida fácilmente en las almas ociosas. Lo importante es que tengáis en cuenta que vuestro aprecio recíproco supera toda clase de pecados capitales. Aprovechad a unos colegas para desahogaros, sentiros acompañados y comprendidos y a los otros para que os infundan algo de energía y pensamientos positivos. Cualquiera de los dos grupos ayuda a no estar diciendo yo todo el saaaaanto día.

6.- Estudiad inglés. Intercambios lingüísticos, academias, lo que os dé la gana. La sombra de la emigración planea sobre nosotros.

7.- Frecuentad charlas o conferencias. No siempre las da un señor de 127 años que pretende recoger los aspectos más importantes de su vida y obra en hora y media. La mayoría de las veces son gente interesante que cuenta cosas interesantes. Hay charlas de diversa índole en bibliotecas, facultades, fundaciones o asociaciones. Normalmente tendréis que ir con algún “amigo llorica parado”, porque los “amigos asquerosos que hacen cosas” suelen estar bastante ocupados. Las charlas son muy recomendables para ampliar nuestra perspectiva del mundo o ejercitar cierta capacidad argumentativa oculta si no nos mola lo que cuentan.

Y hasta aquí mis pequeñas recomendaciones para hacer más agradable la incertidumbre. Sería hipócrita animar por mi parte a la gente a que aproveche una situación así para desarrollar sus pasiones y buscar a través de ellas un medio de vida, sustentado, quizás, en el autoempleo. Para eso os dejo el famoso corto de la niña bailarina que enterneció a Spielberg. A mí casi, casi me convence.