La corrupción como espectáculo

NOVIEMBRE, de David Mamet.

Santiago Ramos, Ana Labordeta, Cipriano Lodosa, Jesús Alcaide, Rodrigo Poisón.

Dirección: José Pascual.

La corrupción como espectáculo es el lema de esta comedia de David Mamet. Falta una semana para que se celebran elecciones en Estados Unidos, su presidente tiene muy pocas posibilidades de ser reelegido y además se resiste a abandonar la Casablanca sin llevarse un buen pellizco y el sofá de su despacho. Esta comedia constituye una inteligente sátira sobre el poder y la clase política en Estados Unidos, que nos presenta la corrupción de manera tan lógica y natural que el público termina saliendo del teatro riéndose de que las personas que gobiernan el mundo respeten tan poco a los ciudadanos.

El personaje de Santiago Ramos -presidente de Estados Unidos- no sabe si su país está en guerra con Irán o no, pero se dedica a enlazar una serie de mentiras tan absurdas como hilarantes para conseguir sus propósitos. El actor salmantino marca un ritmo frenético sin apenas pausas ni silencios en un texto vertiginoso. Nos hace pensar en alguien conocido: su papel de presidente en declive no es más que la caricatura de ciertos políticos del siglo XXI.

Ana Labordeta hace un retrato de la escritora de discursos del presidente: su mente y su lengua ante el público, la artífice del disfraz de la ineptitud del presidente. Su interpretación es convincente y nos demuestra su enorme calidad como actriz pero dista mucho de la Sonia de El guía del Hermitage, donde emocionó al público desde el momento en el que entra en escena por primera vez, llamando a su marido para que le abra la puerta del Hermitage porque hace mucho frío en Stalingrado y están en plena Segunda Guerra Mundial. El resto de actores resultan creíbles y se mueven con soltura en el trepidante ritmo de esta comedia.

Tras leer las críticas de Glengarry Glen Ross -Teatro Español, hasta el 17 de enero- que alaban la calidad del texto y la versión de Daniel Veroneese, reconozco que quizá esperaba algo más de David Mamet. La ligereza y brillantez de los diálogos (que presentan los gags en el momento justo) hacen olvidar un argumento en ocasiones un tanto pobre, pero que divierte a la vez que invita al público a reflexionar sobre la clase política del país más poderoso del mundo.

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