O ruido, o silencio

Hace cinco años que Juan Ramón Lucas me hizo madrugar un viernes -no había clase- para cruzar Salamanca y sentarme en el butacón rojo del Auditorio de la Facultad de Comunicación. La razón: «En días como hoy» se emitía desde allí para cerrar un ciclo dedicado a Radio Nacional en mi universidad. Yo no había sintonizado jamás la 94.5 de la FM -llevaba como un escaso mes en la facultad, tenía la cabeza llena de pájaros y un nulo interés por la carrera escogida (quería ser teatrera, ya saben)- y la primera vez que escuché el programa fue en directo. Sin embargo, me alegré profundamente de haber madrugado.

Ver trabajar al equipo de Radio Nacional fue la primera pista que recibí en cuatro años de carrera de que la radio es un medio apasionante. Aquella mañana, Miguel Delibes entró por teléfono. Supongo que, por desgracia fue una de sus últimas intervenciones en público. Su discurso, esclarecedor pero de una sencillez y humildad deslumbrante hizo temblar al auditorio. Después vi a Juan Ramón pasear por el pasillo con Chelo Sánchez, mi futura profesora de radio y en aquel momento pensé que alguien que hace un programa de seis horas en directo no puede ser del todo humano.

A partir de entonces empecé a explorar los diales, especialmente los de Cadena Ser y  Radio Nacional, y los podcast de Radio 3. Con «Asuntos Propios» entendí aquello que decían mis apuntes de que la radio es el mejor medio para evocar sensaciones. El sentido interpretativo y crítico con el que Toni Garrido entiende el periodismo se convirtió en la mejor escuela delante y detrás del micrófono. Haciendo zapping permanente entre «La Ventana» y «Asuntos Propios» tenía la sensación de que esa gente disfrutaba tanto haciendo su trabajo que era capaz de contagiar a los oyentes. Y descubrí que la radio tenía un fuerte poder dramático. Tanto, que ¿por qué en mi grupo, Ultreia, no la incluíamos en una obra de teatro? Y así nació «La Azotea» como un personaje más que se sintoniza en un dial imaginario.

El pasado viernes nos enteramos de que «los pilares de Radio Nacional» se caían. Tras el adiós de Fran Llorente pensé «ay, me da que Toni va a ser el siguiente». Pero inmediatamente me contradije «no se atreverán, no pueden cargarse a tanta gente». Pues lo han hecho. De quienes no lo esperaba es de Juan Ramón Lucas y de Pepa Fernández, periodistas respetados y admirados por la profesión y de buen hacer reconocido.

Lamento muchísimo que sea el fin de una radio hecha, al menos, con honestidad. Escuchaba -desde la cama, víctima de un virus- la despedida de Toni Garrido y no podía creerlo: un adiós sin ninguna justificación por parte de la nueva dirección de RTVE. Desde aquí quiero dar las gracias como oyente a los equipos de «En días como hoy», «Asuntos Propios» y «No es un día cualquiera» y, muy especialmente, a sus respectivos conductores. Gracias por entender Radio Nacional como un servicio público de los ciudadanos. Gracias por tantas cosas que os han dicho estos días y no voy a repetir. Gracias por hacer que tanta gente ame la radio.

El día que despedimos «La Mirilla», en Radio Oasis, pedí a mi compañera Daría Pedraz que citara la popular frase que Toni Garrido repite cada tarde y que me gusta tanto: «Están escuchando la radio. Lo demás: o ruido, o silencio».

Solo espero que en septiembre no tengamos que sintonizar el silencio.

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