Escribir con pasión

Colliure, aunque no tenga nada que ver

 Gracias a esos otros mundos nos comprendemos mejor a nosotros mismos, puesto que no podemos definir nuestra identidad hasta que no la confrontamos con otras.

Viajes con Heródoto, Ryszard Kapuscinski

Sólo por una convención reduccionista, por comodidad, decimos “África”. En la realidad, salvo por el nombre geográfico, África no existe.

Ébano, Ryszard Kapuscinski

Soy partidario de escribir con pasión

Los cinco sentidos del periodista, Ryszard Kapuscinski

Ryszard Kapuscinski murió el mismo año que yo empecé a estudiar Periodismo, aunque eso a mí me importaba muy poco por aquel entonces. Tardé bastante en interesarme por el autor de la sentencia «soy partidario de escribir con pasión», a pesar de que la subrayé de todos los colores posibles en mi fotocopiado Los cinco sentidos del periodista. «Una buena cita para el feisbuq, el tuenti o la dedicatoria de un libro»; hice los deberes y a la estantería. Dos años después, más entregas con Kapuscinski -qué brasas- y toca Un día más con vida: El reportaje literario. Me coincide con la escritura de Cenizas en la azotea, no tengo tiempo ni para rascarme, así que lo dejaremos para más adelante (mecachis, hay por ahí quien dice que está muy bien).

Año y pico después me ha salvado un verano en la Ciudad de Piedra llena turistas y vacía de ruedas de prensa.

Pienso en que no sé casi nada del mundo y lo lamento. Pienso en mis años de facultad, en mi nula curiosidad por conocer «esos otros mundos» y lo lamento aún más. Pero nunca es tarde, dicen.

Lean sus libros de reportajes si quieren entender mejor esta segunda mitad de siglo y también si les gustan las buenas historias. Lean sus libros si quieren ponerse en el lugar del Otro. Lean Ébano si quieren conocer algo del África negra. Lean Un día más con vida si quieren saber qué pasó en la guerra civil de Angola. Lean Viajes con Heródoto si quieren ver la evolución de becario pardillo a corresponsal. Lean a Kapuscinski para consolarse, para sentir que el universo, en el fondo, es muy emocionante. Tan emocionante como una buena novela de mentira. Y tanto, como un buen reportaje de verdad.

Lean a Kapuscinski.

Nunca es tarde, dicen.

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