Outlander: entre el rol activo de la mujer y el mito del amor romántico

Empecé a ver Outlander en un bus Salamanca-Madrid mientras dormitaba y conversaba por WhatsApp, todo a la vez y con un limitado nivel de atención. Pese a la voz en off constante y el ritmo lento del piloto, le di una oportunidad en casa y ya sí, me enganché, confieso, sin remedio. Quizá sea un “placer culpable” como define a esta serie de Starz Natalia Marcos en El País, pero lo cierto es que me subyugaron los paisajes increíbles de las Highlands, la banda sonora y una tensión sexual no resuelta (TSNR) realmente magnética entre los dos protagonistas.

Claire Randall es una enfermera del bando aliado en la Segunda Guerra Mundial que en un viaje por Escocia con su marido viaja en el tiempo hasta 1743. Allí conoce a Jamie, un guerrero proscrito que la salva de múltiples intentos de violación y otras agresiones. Pero no perdamos de vista el eje de la narración: Claire es la protagonista de la historia, vive en carne propia cada peripecia, tiene iniciativa, actúa y, lo más importante, transmite de forma explícita el conflicto que sufre por ser mujer en un lugar y en una época en la que nadie la escucha por ello.

Claire tiene una trama amorosa con Jamie que es una clara traslación en pantalla del mito del amor romántico. Su amor puede con las construcciones mentales de seres humanos entre los que median 200 años, empuja a ambos a arriesgar su vida en varias ocasiones para salvar al otro; es un amor que perdona siempre y que perdona todo. No me importa reconocer que me he mordido las uñas con cada mirada, con cada beso, con cada gesto intenso de entrega total. Cierto es que está todo justificado argumentalmente y como espectadores podemos entender las razones de Jamie -que además evoluciona como personaje de forma muy interesante- para tratar a Claire de aquella manera (no haré spoiler). No obstante, todo esto me provoca tantas dudas: ¿no tenemos responsabilidad los que hacemos ficción de representar modelos más reales, más plurales de relaciones de pareja? Y otras cuestiones, ¿disfrutaríamos lo mismo de una relación poliamorosa en pantalla que con cualquier drama de amor heterosexual imposible rollo Romeo y Julieta? ¿Nos importa, nos apasiona y nos duele lo mismo lo que les pasa a unos y a otros como personajes?

No lo sé. Claire disfruta de su sexualidad y se empodera en la trama de aventuras, pero lo deja todo por amor. Forma equipo con su marido, pero al final todo esta supeditado a su vínculo de afecto, lo único que la mantiene en una tierra extraña y hostil 200 años antes de su nacimiento. La mirada de Diana Gabaldon, la autora de la saga de novelas en las que se basa la serie, nos lleva a una historia de acción a través de los ojos de una mujer, pero pese a todo Outlander se conoce entre los medios como “el Juego de Tronos para señoras”.

Quizá, si contamos historias de personajes más autónomos que no sucumben a un amor incondicional, dejemos de sembrar en campos donde puede germinar la violencia.

Yo creo que hay tantas historias que nos estamos perdiendo.

outlander

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