Diez de 2013

Llevo un mes leyendo listas y más listas de “Los diez libros del año” y como soyculoveoculoquiero he decidido construir la mía. No soy una ferviente lectora de novedades (por motivos económicos, ni las bibliotecas ni yo podemos hacernos con todo el pan recién hecho) ni tampoco apunto los libros que leo, por lo que, después de doce meses, se me hace difícil tener presente todas las lecturas que han pasado por mis manos y por mis ojos. Desde mi humilde sitio web me apetece reseñar diez títulos que, por distintos motivos, me han marcado este año literario. Es una lista parcial, traicionada por mi mala memoria y el cariño.

1.- ‘Los poemas perdidos’, de Dorothy Parker (Nórdica). Poesía. Ha sido el descubrimiento del año. Su poesía es el mejor vehículo para canalizar el mal humor y despotricar contra el mundo.

2.- ‘La casa muerta’, de Yannis Ritsos. (Acantilado) Poesía Una voz interior que es un poema largo. Un libro corto que es una voz inmensa. Muy, muy hermoso.

3.- ‘¿Cómo debería ser una persona?’, de Sheila Heti (Alpha Decay) ¿Novela? Mezcla de lenguajes y géneros, la historia de una joven dramaturga recién separada muy perdida en la vida. No solo para fans de Girls.

4.- ‘Naif. Súper’, de Erlend Loe (Nórdica) Novela Un libro que deberían leer todos los ni-nis de España. Un retrato del proceso que va desde no tener nada a tener algo, aunque sea poco.

5.- ‘El último dinosaurio’, (Gallo Nero). Entrevistas. Hunter S. Thompson, qué loco estabas. Una reunión de las entrevistas del creador involuntario del periodismo gonzo. Mira que odio a esos reporterillos que van de guays porque beben y se drogan más que nadie, pero ‘El último dinosaurio’ merece ser regalado estas navidades a muchos periodistas.

6.- ‘Como el ciervo huiste’, de Iago Fernández (Delirio) Relato. No voy a mentir: la lectura de este libro con título de verso de San Juan de la Cruz deja muy mal cuerpo. Y eso lo consigue su autor porque no rapta a un paraíso de niebla, frío y personajes solos y malrolleros.

7.- ‘A las 2 son las 3’, de Rodrigo Cortés (Delirio) ¿? Una compilación de las gilipolleces ingeniosas que Rodrigo Cortés escribe en twitter. A mí me ha hecho reír mucho, mucho.

8.- ‘El templo del cielo’, de Enrique Joven (Roca). Novela. Por razones obvias.

9.- ‘Hoy no puedo’, de Juan Plaza (Talentura) Relato. Una de las lecturas más agradables del año. Más aquí.

10.- ‘Así es como la pierdes’, de Junot Díaz (Mondadori) Relato. Voz desconocida para mí hasta este 2013. Lenguaje callejero, tierno, espontáneo.

Si miro la lista de ‘Cosas que leer’ que cuelga de mi corcho me doy cuenta de que no he cumplido ni la mitad. Tampoco de las series que ver. Aún así, he disfrutado de los libros de Joan Didion y he descubierto a Olga Rodríguez gracias a mi amiga Belén. A Olga le debo creer que el periodismo existe y no son los padres. También a Rafael Poch y tantos periodistas, cronistas y escritores que hablan de lugares del mundo que no conozco.

Parece que el 2014 no nos va a traer ni trabajo ni justicia social. Pero podemos confiar en que al menos nos deje buenos libros.

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Hoy sí puedo

hoy no puedoEn realidad todas las relaciones personales se pueden clasificar fácilmente en relaciones líquidas, sólidas y gaseosas. Vamos adquiriendo un estado u otro en un ciclo sin fin, con apenas unas pocas variaciones químicas entre cada estado. Así, moléculas de vapor de agua se mueven independientemente, aisladas para, en algún instante y de manera increíble, juntarse aleatoria y promiscuamente, y formar un nuevo estado, un estado líquido; sin embargo, en algunas ocasiones y por motivos que la ciencia no acaba de desentrañar, las mismas moléculas que antes eran apenas un caudal deciden agarrarse las unas a las otras de forma indisoluble, como si mediara un rito sagrado de entrega mutua. Cuando las relaciones se encuentran por debajo de su temperatura crítica, lo que era una estructura sólida, sin fisuras, vuelve, de nuevo, a ser vapor.

El nivel 3 

Juan F. Plaza

Cuando estudiaba cuarto de Periodismo y tenía una vida mucho más enriquecedora, solía leer el blog ‘Hoy no puedo’ de Juan Plaza. Hacía cuatro años que era fan de su escritura, desde que en primero trabajáramos con textos sospechosamente anónimos que hablaban de un “Andrés Calamaro desintoxicado cantando a la libertad” (o algo así). Cuando algún alumno descarado preguntaba quién era el autor de la materia del ejercicio, Juan sonreía un poco y se hacía el interesante.

Hace unas semanas publicó su primer libro de relatos, ‘Hoy no puedo’ (Talentura, 2013). Tras su lectura he llegado a dos conclusiones:

1.- Juan Plaza es más moñas de lo que parece.

2.- Juan Plaza escribe mejor, incluso, que enseña a escribir. Y esto, señores, es un piropazo.

Los personajes de ‘Hoy no puedo’ podrían estar ahora mismo en el edificio de enfrente observando pájaros y vecinos con un telescopio, rozando las manos de una de las cajeras del súper o calculando la cantidad de litros de agua que caben en una piscina climatizada. Como Iago Fernández construye una Garden desoladora y extraña en la que deambulan sus personajes, Juan Plaza sitúa a los suyos en un trozo de ciudad cualquiera que ejerce sobre ellos un aburrimiento cruel. A pesar de todo, reúnen fuerzas para gritar al lector: “Anda, hazme un poco de caso. Estoy aquí, muerto del asco, haciendo todos los días las mismas cosas. Y solo quiero que alguien se de cuenta de que puedo ser un poco mejor”.

El enamoramiento y sus consecuencias posteriores aparece constantemente como centro o incidente desencadenante de la historia. Se trata de un amor anodino, complicado, extraño y con final abierto. Tranquilos, no narran necesariamente historias moñas, a veces el amor es solo un daño colateral o una circunstancia y nunca perjudica a lo mejor de estos relatos: su ritmo, sus descripciones y la caracterización de sus personajes -que vencen la balanza en contra de unos diálogos a los que les falta naturalidad y les sobra explicación-.

Mariano Zurdo, el editor de Talentura, comentaba en la presentación que Juan tenía una mirada propia. Y es cierto: ha demostrado que se puede encontrar materia para hacer literatura en cualquier parte. Aunque tal vez necesitemos ser un poco más pacientes y observadores, como él, para detectar brillantez entre la pesada escenografía que hay a nuestro alrededor.

De cosas que atan fuerte: cordones umbilicales y sogas marineras

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Comprende qué poco importa

la precariedad

cuando tú

lo sabes

estás donde debes.

(Luna Miguel)

Daniel de Vicente y Luna Miguel tienen en común dos cosas: escriben (muy bien) y han nacido en 1990. A pesar de que estoy de acuerdo con Luna en que la juventud no es un valor en sí, sino una circunstancia -o algo así le suelo leer- los reúno aquí, en parte, por esa razón y porque sus lecturas han coincidido en este fin de verano sin vuelta al cole ni a nada.

‘La tumba del marinero’ (La Bella Varsovia) me recuerda, en parte, a cuando tenía veintiún años. El amor no puede ser experimentado ni por los vivos ni por los muertos, pero sí por los enfermos es ‘Cenizas’ y es 4º de Periodismo. También son poemas de cicatrices que su autora leyó en voz alta en la Casa de las Conchas en aquel FACYL lluvioso y con un examen de Relaciones Internacionales amenazando desde la semana siguiente. Cuento esto porque yo no sé nada de poesía (pasé diez años diciendo: yo y teatro), pero me encanta leer los poemas de Luna. Cualquiera que visite su blog puede reconocer los temas de su libro: enfermedad, independencia, y encontrar enlaces a interesantes reseñas de su obra; pocas cosas nuevas puedo aportar a estas alturas. Solo que he disfrutado con la lectura de ‘La tumba del marinero’, de qué sirve mirar si nos separan y tantos versos brillantes. En ellos se lee la valentía necesaria para superar enfermedades y etapas vitales. En ellos he querido leer el valor necesario para crecer.

Daniel se hizo famoso por tener veintidós años y una obra en el Lara. La juventud no es un valor, pero en la escena profesional y en las editoriales -a Mayorga, que ya no cumple los 40, se le considera un joven autor- publicar con esa edad fuera de las ediciones de la RESAD es un auténtico hito. La envidia que siento me la guardo para mí. En un reciente viaje a Madrid encontré ‘Cordón umbilical’ (Antígona) en las estanterías de su editorial y a pesar de que en la otra mano tenía a Miguel del Arco con ‘Juicio a una zorra’ y La Machi en la portada como Helena de Troya, me pudo la curiosidad.

La historia de ‘Cordón umbilical’ no es especialmente sorprendente: la familia creada por Daniel de Vicente se reúne para celebrar un aniversario y recibe la noticia de un embarazo. Es en la naturalidad de sus personajes, que actúan así porque no podrían hacerlo de otra forma, donde el texto adquiere una verdad que engancha. Su estructura sólida y fluida recuerda a películas como ’18 comidas’ o ‘Una pistola en cada mano’: personajes que, aparentemente, no tienen en común más que una reunión alrededor de una mesa. Pero, finalmente, todos pertenecen a una misma familia o grupo de amigos (evidentemente) infelices -si no, no habría conflicto- y cuyo principal problema es la incomunicación.

Recordemos que la juventud es solo una circunstancia temporal y que el talento es relativo. Aún así, vayan a recitales de Luna Miguel y a los próximos montajes de textos de Daniel de Vicente. Si no tienen la oportunidad, léanlos (la poesía y el teatro están en rincones parecidos en bibliotecas y librerías). En ellos hay sogas que amarran. Y cordones que asfixian.

Es posible que a veces ser lo que uno es, no sea una elección… Pero ser lo que uno no es, siempre es una opción.

(Daniel de Vicente)

Un año con Amélie

Cita

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Aquellos que creen que leer es una evasión están en las antípodas de la verdad: leer es verse confrontado a lo real en su estado de mayor concentración; lo cual, extrañamente, resulta menos espantoso que tener que vérselas con perpetuas dilaciones.

(Antichrista)

Sólo me quedaba pegar la frente contra el cristal y lanzarme por la ventana. Soy la única persona del mundo a la que le ha ocurrido este milagro: la defenestración me salvó la vida.

Todavía hoy deben de quedar jirones de mi cuerpo por toda la ciudad.

(Estupor y temblores)

Empecé a leer a Amélie Nothomb hace casi un año. La recordaba por una reseña hace años en el difunto MP3 en papel. Me pareció una tía muy rara que escribía cosas muy raras; yo era una cobarde y no me aventuré a leerla. Pero un día  tuve en mis manos ‘Las Catilinarias’ y empecé a admirar lo que escribía. Hasta ahora.

El último de sus títulos que he leído se publicó en 2004: ‘Biografía del hambre’. En él se aprecia el nivel de ‘Metafísica de los tubos’ y de ‘Antichrista’. Una audacia que no he encontrado en su último texto, ‘Matar al padre’. La autora hace un repaso al hambre  como sentimiento del deseo durante toda su vida en varios países del mundo. Su Japón natal, Pekín, Nueva York, Bangladesh. Su relación íntima con el agua como el elemento perfecto.

‘Biografía del hambre’ es el pronóstico de una futura anorexia que padeció la autora durante dos años: la renuncia al deseo de comer se convirtió en un vacío de emociones que le procuraban paz en medio de tantas mudanzas y cambios culturales (“la humanidad de mis condiciones de vida me inspiraban orgullo”).

Su vocabulario preciso y sus personajes egoístas y solitarios hacen que al leer sus novelas uno se sienta extrañamente perturbado, pero extrañamente bien.

Hay que apasionarse uno mismo o resignarse a no entender nunca nada

(Biografía del hambre)

I <3 NY

el coloso de NY

Los espasmos retuercen, los espasmos desgarran y advierten, los espasmos pasan en unos minutos o la historia no nos ha enseñado nada sobre las úlceras.

El Coloso de Nueva York

Colson Whitehead

Larga vida a la Biblioteca Pública Casa de las Conchas de S. Porque conserva ciudades que (tal vez) nunca conoceremos. Porque el pasillo de la W es más ancho que los demás y nos descubre a Whitehead. Un libro tan pequeñito al lado de los libros tan gordos de David Foster Wallace.

‘El Coloso de Nueva York’ está casi nuevo, lo que significa que apenas ha tenido lectores. Será que todo el mundo ha estado en Nueva York y conocen el Metro y Brooklyn y Central Park y no les hace falta leer más. A los que no, que sepan que es un texto muy poético y muy bonito. Por si quieren pedirlo prestado.

Dottie, Lesley y Barbara

Cita

Como este blog ya se ha convertido en un cajón de sastre sin ningún tipo de criterio he decidido incluir una nueva categoría (“literatura”) a las pestañitas que mi profesor nos hizo crear allá por tercero de carrera (qué tiempos).

Así pues, me apetece compartir las sensaciones que me han producido leer a tres escritoras que no tienen más en común que el hecho de que a todas las he encontrado por pura chorra en la Biblioteca Pública Casa de las Conchas de Salamanca (larga vida). Se trata de Dorothy Parker, Barbara Comyns y Lesley Arfin. Acepto que mis escasos lectores clamen al cielo (¡se parecen tanto como el tocino a la velocidad!). Pero entiendan que en mi decisión firme de ser una parada-inútil-perocultivada a menudo me encuentro perdida acerca de la elección de mis lecturas veraniegas. Confieso que mi curiosidad por el mundo y la buena literatura se ha despertado tarde. Pido perdón por ello. Pero aquí tienen a tres mujeres admirables por razones muy diferentes. Les invito a leerlas.

Barbara Comyns

Barbara Comyns fue una artista inglesa que nació en 1907. Escribió novelas, pintó cuadros, trabajó en una agencia de publicidad e incluso fue modelo para pintores. Rara avis ha editado en castellano ‘Y las cucharillas eran de Woolworths’  y ‘La hija del veterinario’. El primer título es una versión ficcionada de su matrimonio con John Pemberton y el segundo -de reciente edición- narra la historia de Alice, la hija de un desagradable veterinario que sobrevive en un suburbio londinense a la soledad y al desprecio de su padre.

Comyns ha llegado a España cincuenta años tarde para contarnos dos historias sobre mujeres bellas e independientes. La sensibilidad de su narrativa engancha. Sus personajes tienen esa cosa indefinible que hace que sufras con ellos: verdad. Un áurea de delicadeza les protege de todas las desgracias que atraviesan porque Barbara les concede una manera elegante, una sencillez aparente con la que mirar el mundo que les rodea.

Dorothy Parker

Lejísimos estoy de la cima de la perfección

tan defectuosa como soy podría caber,

pero reclamo los derechos que me corresponden

INVICTUS

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Profesores de facultades de Periodismo: recomienden a Dorothy Parker. También a Joan Didion, por supuesto, pero recomienden a Dorothy Parker. Conseguirán que sus alumnos descubran que había mujeres trabajando en las principales revistas americanas antes del ecuador del s.XX y puede, (solo puede) que hasta provoquen que se interesen por su asignatura. Recuerden que hay vida más allá de los de siempre (Kapuscinski, García Márquez y esta gente)

Parker (Rotchild de soltera) escribía relatos y poemas. Durante una época fue la única mujer crítica teatral del país. Encontré su relato más famoso, ‘Una rubia imponente’ (Nórdica, 2013) en la estantería de novedades -reconozco que me lo llevé a casa por la portada y las ilustraciones-. Y descubrí la existencia de Hazel Morse, una rubia desvalida que no sabe lo que quiere y carece de voluntad para cualquier cosa que no sea emborracharse.

Pero, ay, nos duele tanto lo que le pasa.

‘Los poemas perdidos’ (Nórdica, 2013) son imperfectos, hermosos, divertidos, sarcásticos, agresivos. Repasan una sociedad (la americana, años 20-30) que no parece tan distinta ahora. ‘Los poemas perdidos’ y en particular Los Himnos de odio muestran una poesía escrita con mala uva y mucho sentido del humor.

Odio el Teatro;

interfiere con mis sueños

Lesley Arfin

¿Dónde estoy y quien es la persona que está tumbada en mi cama? ¿Por qué no puedo dormir por las noches y quién se comió todas mis drogas? ¿Dónde está mi caballo y dónde está mi novio y que ha sido de toda esa época? De pronto siento que tengo el corazón roto. Un dolor vago, como si el sol me hubiese quemado todo el cuerpo. Las cosas todavía duelen.

(Querido diario)

Parece que es mejor experimentar los excesos en la literatura para no sufrirlos en el propio cuerpo. Duele menos.

Lesley Arfin es la única autora que sigue viva (28 añitos), por suerte -consumió caballo, cocaína y marihuana durante buena parte del libro-. ‘Querido diario’ habla de adolescencia, de incomunicación, de crueldad y su estructura funciona como un tiro: los fragmentos del diario se combinan con entrevistas a sus principales personajes y con comentarios de la autora desde la perspectiva de la madurez. Nos coloca ante un espejo que nos devuelve una imagen de un pasado del que nos avergonzamos. Porque fuimos jóvenes insolentes, estúpidos, insoportables y desagradecidos.

Este texto pretende ser, según su autora, un pedazo de la historia de todos nosotros para que podamos decir (¡eh! ¡a mí me pasaba igual!). Dos de mis mejores amigos tienen sentimientos encontrados hacia los adolescentes: uno los odia, la otra los ama. Yo no sabía qué opinar (en cuanto acepté que me estaba haciendo mayor fui bastante feliz en esa etapa). No fumé, ni me emborraché, ni me drogué. No me hablaba con casi nadie de mi clase, pero tenía amigos fuera. Luego me cambié a un instituto y todo me fue superguay. Hay quien dice que era una intelectual porque ya hacía teatro. Mentira. Era tonta del culo. Y aún así me lo pasaba bien porque la adolescencia puede no ser demasiado horrible.

En cualquier caso -mi vida no viene al caso aquí- lo que narra ‘Querido diario’ es una experiencia vital que atraviesa por sensaciones universales más allá de la adolescencia y primera juventud: el miedo, la desorientación y el deseo de querer volver atrás porque entonces teníamos la esperanza de que las cosas podrían ser diferentes.

Odio las historias que van de “buscarse a uno mismo”. Lesley todavía no se ha encontrado. Menos mal.