Relatillos cutres: Olvido

Publicado en Diario de Salamanca

Olvido no tenía ni idea de lo que suponía el amor hasta que entró en la biblioteca. Nadie confiaba en que llegara hasta la última página de una novela sin recordar el principio. “Pero, tampoco hace falta darle sentido a todo”, pensó. Allí los periódicos de papel estaban en una mesa muy grande, unos sobre otros, colocados como fichas de dominó, la bibliotecaria le recordaba siempre el camino al servicio y si no podía leer novelas, siempre le quedarían los cuentos.

Un día le conoció accidentalmente mientras buscaba en la sección de literatura rusa de la biblioteca. Creía, honestamente, que era una persona fascinante, un poco gilipollas y bastante desagradable. Le había descubierto leyendo en el periódico su crítica literaria a un autor ruso y desde entonces le buscó entre todas las reseñas. Nadie destripaba con tanta gracia el subtexto de Gorki. La intuición, en la que no creía, le dijo que era él: tenía una mota oscura en el ojo izquierdo.

Y al día siguiente, sin saber muy bien por qué, supo encontrar a Dostoievski.

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