Anna Ajmátova, el frío, los poetas rusos y los manuscritos que no arden


Fragmento

Me pareció que las llamas de tus ojos

Volarían conmigo hasta el alba.

No pude entender el color,

De tus ojos extraños.

Todo alrededor palpitaba

Nunca supe si eras mi enemigo, o mi amigo,

Y si ahora era invierno o verano.

Anna Ajmátova

Empecé a leer a Anna Ajmátova porque necesitaba tener un poco más de frío en el bus y Mijaíl Bulgákov se me hacía demasiado denso para el trayecto. Por cuestiones ultreianas me había propuesto conocer el entorno literario del autor de ‘El Maestro y Margarita’ (estalinismo, gulags, etc) y Ajmátova se perfiló como principal autora gracias, sin duda, a la nostalgia -había ocupado el epígrafe de ‘Cenizas en la azotea’ un año antes con los siguientes versos que asomaron en algún blog:

Soy vuestra voz/ calor de vuestro aliento/ El reflejo de todos vuestros rostros/ Es inútil el batir del ala inútil:/ Estaré con vosotros hasta el mismo final.

(¿Y esto? ¿Nos lo tenemos que aprender también?) Noooo. Solo están porque me recuerdan que Miguel no abandonará nunca a Eva. Ni a la radio. Ni a nosotros.-.

Yo no sé mucho de poesía, ni de literatura, ni de Anna Ajmátova ni de nada. Pero gracias a sus versos puedo imaginarla haciendo cola en la cárcel para ver a su hijo. Y sentir frío.

Juan Mayorga, si vuelves a escribir obras de autores rusos, acuérdate de ella.

Siempre he odiado

Que sintieran lástima de mí,

Pero una sola gota de tu piedad

La guardo cálida como el sol.

Por eso me envuelve la aurora,

Por eso voy haciendo milagros,

Por eso

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