Hoy sí puedo

hoy no puedoEn realidad todas las relaciones personales se pueden clasificar fácilmente en relaciones líquidas, sólidas y gaseosas. Vamos adquiriendo un estado u otro en un ciclo sin fin, con apenas unas pocas variaciones químicas entre cada estado. Así, moléculas de vapor de agua se mueven independientemente, aisladas para, en algún instante y de manera increíble, juntarse aleatoria y promiscuamente, y formar un nuevo estado, un estado líquido; sin embargo, en algunas ocasiones y por motivos que la ciencia no acaba de desentrañar, las mismas moléculas que antes eran apenas un caudal deciden agarrarse las unas a las otras de forma indisoluble, como si mediara un rito sagrado de entrega mutua. Cuando las relaciones se encuentran por debajo de su temperatura crítica, lo que era una estructura sólida, sin fisuras, vuelve, de nuevo, a ser vapor.

El nivel 3 

Juan F. Plaza

Cuando estudiaba cuarto de Periodismo y tenía una vida mucho más enriquecedora, solía leer el blog ‘Hoy no puedo’ de Juan Plaza. Hacía cuatro años que era fan de su escritura, desde que en primero trabajáramos con textos sospechosamente anónimos que hablaban de un “Andrés Calamaro desintoxicado cantando a la libertad” (o algo así). Cuando algún alumno descarado preguntaba quién era el autor de la materia del ejercicio, Juan sonreía un poco y se hacía el interesante.

Hace unas semanas publicó su primer libro de relatos, ‘Hoy no puedo’ (Talentura, 2013). Tras su lectura he llegado a dos conclusiones:

1.- Juan Plaza es más moñas de lo que parece.

2.- Juan Plaza escribe mejor, incluso, que enseña a escribir. Y esto, señores, es un piropazo.

Los personajes de ‘Hoy no puedo’ podrían estar ahora mismo en el edificio de enfrente observando pájaros y vecinos con un telescopio, rozando las manos de una de las cajeras del súper o calculando la cantidad de litros de agua que caben en una piscina climatizada. Como Iago Fernández construye una Garden desoladora y extraña en la que deambulan sus personajes, Juan Plaza sitúa a los suyos en un trozo de ciudad cualquiera que ejerce sobre ellos un aburrimiento cruel. A pesar de todo, reúnen fuerzas para gritar al lector: “Anda, hazme un poco de caso. Estoy aquí, muerto del asco, haciendo todos los días las mismas cosas. Y solo quiero que alguien se de cuenta de que puedo ser un poco mejor”.

El enamoramiento y sus consecuencias posteriores aparece constantemente como centro o incidente desencadenante de la historia. Se trata de un amor anodino, complicado, extraño y con final abierto. Tranquilos, no narran necesariamente historias moñas, a veces el amor es solo un daño colateral o una circunstancia y nunca perjudica a lo mejor de estos relatos: su ritmo, sus descripciones y la caracterización de sus personajes -que vencen la balanza en contra de unos diálogos a los que les falta naturalidad y les sobra explicación-.

Mariano Zurdo, el editor de Talentura, comentaba en la presentación que Juan tenía una mirada propia. Y es cierto: ha demostrado que se puede encontrar materia para hacer literatura en cualquier parte. Aunque tal vez necesitemos ser un poco más pacientes y observadores, como él, para detectar brillantez entre la pesada escenografía que hay a nuestro alrededor.

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Un pensamiento en “Hoy sí puedo

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